Abstract: The article examines the “transnational” use of torture evidence, i.e., the use of evidence obtained by torture by third states or parties in national criminal trials. It starts, on a theoretical level, from Beling’s doctrine of “prohibited evidence” (“Beweisverbote”) (infra A.). First, the “supranational” use of torture evidence, i.e. the use before international criminal tribunals (ICTY, ICTR, ICC), is analysed (B.) as it may influence national practice. It is concluded that such evidence is always inadmissible since it is unreliable and, more importantly, its use is antithetical and damaging to the integrity of the proceedings (B. III.). Second, the same conclusion must be drawn for the transnational use of torture evidence (C.). The exclusion of such evidence follows from international law, in particular Art. 15 UNCAT (C. I.), and from the national law of Germany and England & Wales as two representative jurisdictions for “inquisitorial” and “adversarial” criminal procedure (C. II.). Third, the burden to prove that such evidence was not obtained by torture rests with the state and the standard is one of a real, serious risk (D.).
Resumen: El artículo examina el uso “transnacional” de prueba obtenida por medio de tortura, es decir, el uso de prueba obtenida por medio de tortura por parte de Estados o Partes en juicios criminales nacionales. Comienza, en un nivel teórico, desde la doctrina de Beling de la “prueba prohibida” (“Beweisverbote”) (infra A.). Primero, el uso “supranacional” de prueba obtenida mediante tortura, es decir, el uso frente a tribunales penales internacionales (Tribunal Penal Internacional para la Antigua Yugoslavia, “TPIY”, Tribunal Penal Internacional para Ruanda, “TPIR”, y Corte Penal Internacional, “CPI”), es analizado (B.) en cuanto a su posible influencia en las prácticas nacionales. Se concluye que tal prueba es siempre inadmisible ya que no es confiable y, más importante, porque su uso es antitético y perjudicial a la integridad de los procedimientos (B. III). Segundo, la misma conclusión debe ser extraída para el uso transnacional de prueba obtenida mediante tortura (C.). La exclusión de tal prueba se sigue de la ley internacional, en particular del Art. 15 de la Convención contra la Tortura de la ONU, “CT-ONU” (C.I), y de las leyes internas de Alemania e Inglaterra y Gales como dos jurisdicciones representativas del proceso penal “inquisitorial” y “adversarial” (C. II.). Tercero, la carga de la prueba en cuanto a que tal material probatorio no fue obtenido mediante tortura recae en el Estado y el criterio es que se trate de un riesgo real y serio (D.).
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